lunes 26 de septiembre de 2011

El Fortunato


En 1960 (tenía yo ocho años), oí decir en Molina a Fortunato: “He visto a un pescador con una caña muy pequeña que llevaba en el hilo un trozo de hierro ¡y pescaba truchas! ¡Las truchas se ‘comían’ el hierro!” Conservo nítidamente en mi memoria las palabras y la imagen de aquel afable pastelero y pescador de lombriz con cañón de cuatro metros. Lo que Fortunato no sabía era que aquel otro pescador “con caña muy pequeña” (de pesada fibra de vidrio,) era un puertorriqueño que estudiaba Medicina en Zaragoza y que acompañó a mi familia un verano para conocer Molina. Manuel −que así se llamaba− vivía en Springshow, estado de Georgia, en EE.UU, donde se hartaba de pescar black bass con cucharilla (con “cucharita”, como entonces se llamaba). Para él, resultaba natural este tipo de pesca; sin embargo, era sorprendente para Fortunato.
            Las técnicas han cambiado muchísimo en poco tiempo. Los pescadores también. Y, las truchas, no digamos: Si no se actúa con urgencia, es muy probable que en mucho menos tiempo del que ha pasado entre las palabras de Fortunato y éstas, la trucha común corra en España la misma suerte que el lince. ¿Pensó alguien, por ejemplo, que desaparecería el cangrejo autóctono?
            Pero este preámbulo no es sino mero pretexto para considerar, precisamente, las consecuencias de determinadas actuaciones que se ejercen sobre el río. Podría haberme remontado a las sugerencias de Diego de Torres Villarroel o de Isaac Walthon, ambos, además de magníficos escritores dieciochescos, pescadores vocacionales cuando había truchas por doquier; seguro que su ocio era bastante más atractivo y muchas de sus advertencias pondrían hoy en tela de juicio prácticas condenables que, aun compartidas por algunos desaprensivos pescadores, apuntarían directamente a la Administración, a sus leyes de vedas, a la permisividad que muestran las autoridades con los vertidos contaminantes; con las compañías eléctricas ―denunciadas pero sordas―; con los cauces cedidos a las piscifactorías; con la perversidad ambigua de la “pesca científica” que, como técnica avanzadísima (“científica”, nada menos, se llama)  para sí guardan los gestores mediambientales, quienes, por lo general, muestran −el hábito no hace al monje− una preocupante ignorancia. Esta técnica tan pomposamente dicha “científica” consiste, lisa y llanamente, en electrocutar a las truchas, capturarlas a porrillo y llevárselas a no se sabe dónde (oír, se oye de todo). Por lo tanto, además de someter a las truchas a tortura, tiene como “benéfica” finalidad desnudar a un santo para vestir a otro o a otros y, encima, sin contraprestación: El santo desnudo, desnudo queda, para su vergüenza y tiritando. Cierto es que se hacen estudios sobre poblaciones, grado de pureza genética y reserva de reproductores, pero me temo que tales análisis sirvan sólo para comprobar los efectos que tienen todas aquellas prácticas citadas −repito: prohibidas y frecuentísimamente no sancionadas− en la supervivencia, vitalidad y progreso de la especie.
            Uno se pregunta si, en efecto, será esa su finalidad y no otra, pues a la vista está que la población de truchas ha disminuido sustancialmente, y es éste un criterio generalizado entre los pescadores (¿no han llegado a la misma conclusión los “científicos”?; y, si lo han hecho, ¿qué medidas piensan tomar? ¿Tienen ya alguna en su cartera? ¿Cuál?). De momento, lo que sí se observa es que, desde hace demasiado tiempo, la guardería de los cotos y del río en general brilla espléndidamente por su ausencia (en el río Gallo, no obstante, este aspecto ha mejorado notablemente con la presencia de jóvenes guardas forestales que se toman muy en serio su tarea. Que dure, por favor, que dure). Un dato: mi experiencia personal me dice que, en los últimos diez años, sólo dos veces se me ha requerido la documentación en los ríos de Cuenca y de Guadalajara, a los que me acerco unos treinta días al año; en Huesca, sin embargo, se me ha solicitado cuatro veces en el último año, incluso en zonas casi inaccesibles como pueda ser el coto de Bujaruelo. El contraste me parece más que ilustrativo del interés y el cuidado que se presta a la pesca deportiva por unas autoridades y otras, en unas Comunidades y otras.
            Es verdad que el furtivismo hace mucho daño y, por ello mismo, debe ser perseguido; y todos sabemos que el único poder disuasorio que entiende el furtivo es la vigilancia y la sanción correspondiente en su grado pertinente de severidad. Sin embargo, no es el furtivo el pescador que abunda. Tengo la certeza de que existe entre los pescadores una mayor preocupación por la conservación que por la agresión, y son hoy mayoritarias y palpables las conductas que tienden hacia el concepto estrictamente deportivo de la pesca y el uso de técnicas y señuelos menos agresivos. Ahora bien, de esto no puede jamás colegirse que la Administración deba aplicar a la mayoría los criterios que sí debe imperativamente ejercer sobre aquella minoría de furtivos. Asistimos actualmente a la consideración del pescador deportivo como un implícito violador de las normas, como un “tapado”, como un sistematizador del delito, como si fuera él el responsable de la decadente fisonomía biológica de los ríos: El trato, el lenguaje utilizado, las maneras (al menos, en lo que a mi experiencia concierne) distan mucho de ser las que debería exigirse a una elemental cortesía, al entendimiento, a la introspección del prójimo, porque sí, debo decirlo: De las dos veces que en esos diez años se me pidió la documentación, en una de ellas (¡tiene miga la cosa!) fui sancionado “por no llevar conmigo la licencia de pesca”; por habérmela dejado en el coche, cuestión de esperar diez minutos, vamos. El S.E.P.R.O.N.A. aplicó a rajatabla la norma, pero −lo advirtió sabiamente Valle-Inclán− la norma jamás puede estar por encima de la razón. ¿Con qué criterio puedo yo juzgar la actuación, en este caso, intransigente de la autoridad cuando sé que otras conductas verdaderamente graves, gravísimas, quedan sin sanción, cuando muchas empresas contaminantes siguen contaminando, cuando muchas centrales eléctricas y piscifactorías siguen mermando los caudales ecológicos, cuando el furtivo sigue ejerciendo despiadadamente su furtivismo? Las leyes de vedas siguen restringiendo, sobre todo, el uso de señuelos y el número de capturas permitido, con lo cual cabe pensar que no disponen de otros criterios de conservación, que carecen de la imaginación suficiente para habilitar otras actuaciones, que siguen ignorando la necesidad de, entre otras medidas, vigilar los ríos como se vigila el monte. Formo parte de un grupo numeroso de pescadores que ha denunciado por escrito cuantas circunstancias vengo exponiendo ante la Delegación de Medio ambiente de la provincia de Guadalajara. La respuesta no pudo ser más desalentadora, tanto que resultaría ocioso reproducirla aquí.
La gestión consorciada de los cotos de pesca es un sistema que ha dado y está dando excelentes resultados en la Comunidad aragonesa (hablo de lo que conozco). Pero es que además resulta ser una opción que la lógica deslinda sin ningún género de dudas: Parece obvio que la intervención de las sociedades de pescadores en la gestión de los cotos no sólo facilita el trabajo de la Administración, sino que beneficia las políticas de conservación y repoblación de la especie y el seguimiento, estudio y control de los ríos, de sus aguas, de su entorno. Basta con aplicar a esa lógica pura el criterio del interés del pescador (y, en consecuencia, su mayor implicación y ponderación) para aseverar su certeza y, por lo tanto, sugerir la generalización de este modo de administración de los ríos.
Y, ahora, una opinión bombosa, para que se me eche a los perros o, cuando menos, se me arrojen los ladridos de aquellos gozques que citaba Góngora contra sus enemigos literarios. Y digo: Que acaso sería bueno ir pensando en modificar, en cada caso, el régimen de los cotos y de los tramos de río “con muerte / sin muerte” sometiéndolos a una alternancia por períodos a determinar (tal vez períodos quinquenales). Estudios recientes (Enzo del Barco, en Argentina: Diametralidad de la conducta en la trucha “abyss”, 2004; Stephen McGregor, en Gran Bretaña: Conduct and Conductivity in the Stressed Trouts, 2005) han concluido por apuntar la estrecha relación existente entre reiteración, aprendizaje y oposición en la biogénesis de la trucha. Tanto Del Barco como McGregor han llegado a la misma conclusión en sus estudios sobre ejemplares diferenciados y en geografías opuestas, lo cual resulta muy significativo. Pero qué quiere decir eso de “reiteración, aprendizaje y oposición en la biogénesis de la trucha”; pues, en roman paladino, significa que las truchas, sometidas a un mismo condicionante pernicioso o negativo, no sólo lo aprenden, sino que eluden su respuesta y transmiten genéticamente esta conducta a su descendencia. Un ejemplo que todo pescador comprenderá en la práctica es que el uso reiterado de una determinada técnica de pesca y con un determinado señuelo (éste sería el “condicionante”) llega a ser “conocido” y sus efectos negativos (¿) “aprendidos” por las truchas; luego, rechazado y, por fin, transmitido biogenéticamente. Se trata, en consecuencia, de la más que sabida adaptación al medio como factor imperativo de la evolución. Nada raro, vamos.

viernes 16 de septiembre de 2011

Catástrofe ecológica en el Parque Natural del Alto Tajo en Guadalajara

Una nueva defección cuyas consecuencias ha sufrido, esta vez, el río Cabrillas, tributario del Tajo, en Guadalajara. La inacción y desidia de la Administración autonómica, culpable.


El cauce del Cabrillas junto al puente de piedra 
en la carretera autonómica hacia Peralejos.
Ciertamente, más parece un camino rural que un río.

El río Cabrillas, uno de los pocos ríos prístinos que quedan en nuestra geografía, proverbial vivero de truchas, hábitat cuya pureza ha sido axiomáticamente ponderada, ha sufrido a consecuencia de la inclemente climatología de los últimos meses— una drástica sequía en un tramo de siete kilómetros (desde su paso por Megina hasta los molinos próximos al puente de piedra de la carretera autonómica). La mortandad de alevines y truchas adultas se cifra en torno a diez mil ejemplares, pero es éste un cálculo optimista mientras el daño, exponencialmente, es incalculable.
La trascendencia de este "accidente" debe considerarse no sólo desde el hecho en sí mismo, sino y sobre todo desde la nula responsabilidad mostrada por las autoridades administrativas. El río Cabrillas se encuentra dentro del Parque Natural del Alto Tajo, espacio, pues, de especial protección de todos sus hábitats. La Administración debería haber previsto esta contingencia; los agentes medioambientales destacados en esa zona deberían haber advertido de la situación del río y proponer la necesarias medidas preventivas. Nos consta que, de facto, esa advertencia se hizo por parte no sólo de un agente medioambiental, sino también por algunos pescadores que transitaban por las inmediaciones. El aviso se remitió a la dirección del Parque Natural y a la sección de caza y pesca de la Delegación de Agricultura de Guadalajara; sin embargo, se desoyó cuando la catástrofe aún podía haberse paliado en buena medida.
El hecho sustancial es que, estadísticamente —y debido a las especiales características del curso del río en ese tramo—, este fenómeno se produce cíclicamente en parecidas condiciones climáticas; es decir, que la Administración disponía de datos previos; sabía que podría ocurrir y no hizo nada. La primera conclusión es que ha existido un fallo en cadena producto de la impertinente y ya vieja incuria que soporta esta zona del Alto Tajo y que la Administración no puede escurrir el bulto. Es, concluyentemente, culpable. Y la gravedad es mayor cuando, por las especiales características del Parque Natural, se cuenta —o debería— con más y mejores medios técnicos y humanos.


El mismo cauce 5 kilómetros ¿aguas? arriba, en dirección a Megina


Pero lo que viene ya siendo "natural" en la actuación de la Administración autonómica en el entorno del Alto Tajo (y es ésta la conclusión segunda) es una sistemática falta de guardería, hecho oportuna y reiteradamente denunciado por activa y por pasiva, por particulares y por sociedades deportivas sin que se haya hecho nunca el menor caso. Si los medios con que se cuenta están destinados en su inmensa mayoría a prevenir los incendios, la incuestionable bondad de esta profilaxis no debe desviar la atención que con igual rigor merece la vigilancia de nuestros ríos. El caso presente del río Cabrillas es una muestra de que hay veces (muchas ya) que el bosque no nos deja ver el árbol y, desde luego, es una prueba determinante de que la vigilancia sobre el río es nula, lo prueba de forma irrefutable el que nadie moviera un dedo teniendo conocimiento del extremo peligro que corría el río Cabrillas en una situación como la que se ha producido.
Responsables los hay, eso es seguro, y también sabemos dónde están. Es nuestra obligación exigir que den la cara y a la jerarquía correspondiente exigirle medidas correctoras que depuren la responsabilidad en este tipo de desmanes que deterioran nuestro entorno de forma irreparable.


El Cabrillas, por la misma pista hacia Megina, 2 kms. cauce arriba.

martes 22 de febrero de 2011

Año Europeo del Voluntariado

El próximo día 1 de marzo, con motivo de la celebración del año Europeo Voluntariado 2011, tendrá lugar en el Palacio del Marques de Salamanca (Madrid), la Jornada de Medio Ambiente, con una importante presencia del Programa de Voluntariado en ríos, con stands de muchas de las organizaciones participantes, proyección de vídeos, experiencias de voluntariado etc.


sábado 8 de enero de 2011

Una carta con muy buenos argumentos de nuestro amigo Jesús Soriano

Estimado Sr,

Por la presente, pedimos la retirada del Art 25. Punto 4 del Borrador de la Ley de Pesca de Castilla y León Oct-2010.

Es inadmisible que se pretenda reemplazar la pesca de la trucha en tramos libres (con talla mínima, cupo de capturas y resto de restricciones) por la acción de captura y suelta en todos los ríos castellanos y leoneses. Ello va a suponer unas consecuencias impredecibles y graves desde todos los puntos de vista, social, económico y medio ambiental, máxime teniendo en cuenta la gran variabilidad y potencialidades hidrológicas y biológicas de los ríos castellanos y leoneses.
Un análisis más exhaustivo de este Borrador de Ley requiere tiempo y no podemos llevarlo a cabo en el periodo de tiempo fijado por la CCAA para exposición pública y comentarios de la norma citada. Estamos dispuestos a colaborar más en el debate público si se da tiempo para ello.

La justificación de la eliminación del referido Punto del Artículo la solicitamos en base a los siguientes argumentos:

- Prohibir los tramos libres de pesca regulada en una Ley de aplicación general, total y para siempre hasta que no se apruebe otra Ley de pesca NO tiene en cuenta la enorme variabilidad de situaciones y capacidades de potencial ictio-génico en cada rio y más aún, en cada tramo de rio. Determinados tramos puedan mantener productividades de salmónidos que hagan plenamente compatible el aprovechamientos de pesca en régimen de pesca con acceso libre, fijando unas adecuadas tallas mínimas y cupos diario de capturas, como siempre se ha hecho , todo ello según la capacidad biogénica del medio que sustenta esas poblaciones de salmónidos, demostrable a través de inventarios piscícolas.

-Esta medida no va a traer como consecuencia (si era eso lo que se pretendía) una mejora de las poblaciones trucheras. Al contrario provocará tensiones y conflictos incontrolables para las autoridades tales como situaciones de ilegalidad, conflictos sociales, sobrepesca en cotos intensivos y de régimen tradicional, furtivismo, etc….además del abandono de la pesca por muchos ciudadanos. El número de licencias y de Permisos podría disminuir en un porcentaje muy notable y, colectivos como los jubilados o los nuevos aficionados, verían frustradas sus expectativas a la hora de iniciar una actividad que es socialmente muy importante para ellos.
-Solo mejorando la calidad del medio y de los ecosistemas acuáticos se producirá la deseada mejora de las poblaciones de trucha común y su “cortejo” faunístico asociado (insectos). Esta es la única solución al declive de la especie Salmo trutta fario. Urge aplicar y ejecutar un plan de medidas que mejoren el medio sin sacrificar un recurso como la pesca regulada, tomándola como única culpable de la situación cuando no lo es ni mucho menos.

-Debe ser prioritario, muy por encima de la prohibición de la pesca regulada en tramos libres , la mejora de las poblaciones ejecutando acciones necesarias para llevar a cabo repoblaciones con genotipos autóctonos, o el necesario control de la contaminación física (erosiones por escorrentías) y química (controles de vertidos), demolición de presas , azudes y otros obstáculos inservibles, control predadores alóctonos o en situación de explosión poblacional, ocupación excesiva del biotopo por otras especies de menor calidad biológica, imposición de infracciones y agresiones al dominio público hidráulico (detracciones de caudal, servidumbres obsoletas de captación de aguas), caudales demasiado cambiantes o fluctuante sin garantía de los mínimos ecológicos, alteraciones de la fauna, bentos, regímenes hidrobiológicos no naturales y dañinos. Y por supuesto, guardería a pie de rio para controlar ilegalidades, multando a quien pesque truchas de forma ilegal, ahí siempre estaremos los pescadores responsables ayudando a los agentes forestales. Pero si se nos prohíbe pescar de forma regulada esa labor ya no la podremos hacer.
Finalmente agradecemos a los técnicos del área de pesca fluvial de la Junta de CyL que nos han atendido por teléfono, las indicaciones dadas para enviar estas observaciones a la autoridad competente y enviamos copia a sus delegaciones provinciales.

miércoles 6 de octubre de 2010

V CAMPEONATO DE ESPAÑA ABIERTO DE SALMÓNIDOS MOSCA

Los días 23 a 26 de septiembre se celebró en Molina de Aragón (Guadalajara) el V Campeonato de España abierto de salmónidos mosca por equipos. Los escenarios elegidos, en el mismo curso del río Gallo, fueron el coto de Ventosa y el tramo de captura y suelta de Cuevas Labradas. En un paraje hermosísimo que da entrada al Parque Natural del Alto Tajo, veinticuatro pescadores concurrieron a una de las competiciones más generosas en truchas a las que he asistido, y eso que el Gallo no se comportó como en él es habitual, quizá porque la mañana del sábado mostró su rostro más otoñal con una temperatura de apenas 4 ºC . El cómputo final de capturas lo dice todo: 418 ejemplares de trucha común durante dos jornadas y un total de 16 horas de pesca.
El Gallo, curso de régimen especial, está completamente excluido de una práctica que en otras latitudes y concursos se ha hecho ya rutinaria: la repoblación con ejemplares casi narcotizados y expuestos al capricho y al azar de la fisonomía del río y a la mejor o peor fortuna —pero siempre indolente— que deparan los sorteos.
Esta vez no; esta vez, la fortuna la dio el río. Es verdad que el tramo de captura y suelta de Cuevas Labradas, al ser libre, ha tenido mucha presión durante el verano y, sobre todo, en el mes de agosto. Dio menos truchas y basta con reflexionar brevemente para saber la causa. Pero nadie se encontró con un tramo del río con una multitud de truchas hacinadas en las tablas o haciéndose un hueco en las blandas.
El río Gallo presenta un cauce cuyo tiento exige una buena técnica y una lectura no convencional. Se trata de un río sorpresivo, de sustos y de sobrecogimientos y de resultados a veces ilógicos si se acude a él con poca o estandarizada curiosidad. Ésta fue, además, la impresión de la mayoría de los pescadores que se dieron cita en este Campeonato que, bajo la tutela de las Federaciones Española y de Castilla-La Mancha, organizó excelentemente la Sociedad de Pescadores «Río Gallo» de Molina de Aragón, como así constataron inequívocamente los participantes. Enhorabuena, pues, por la organización y a la organización: al presidente de la S.P. «Río Gallo» José Villanueva y a los colaboradores Fernando Ruiz, José y Jesús Bruna, Ramón, David, Javier, José Luis, Guillermo, Ricardo...
El encuentro competitivo sirvió además para que algunas autoridades de la Administración autonómica, junto al presidente de la Federación Española de Pesca (José Luis Bruna), discutieran sobre la necesidad de aplicar algunas medidas correctoras para mejorar el entorno y la práctica de la pesca. La guardería fluvial específica (imperativa para disuadir el cada vez más agresivo furtivismo); la descatalogación de algunas especies invasoras (garza y cormorán) que agreden innecesariamente a las poblaciones piscícolas; la dimensión pedagógica de la pesca como mecanismo educativo y protector del medio; la creación de escuelas de pesca con la incorporación de disciplinas medioambientales básicas; estudios ictiogénicos y elaboración de estadísticas sobre los factores que inciden en el medio y su gradación; y —muy importante— la atención que debe prestarse al pescador, a la experiencia del pescador como observador privilegiado de cuantos accidentes, modificaciones, sospechas y certezas, buenas y malas prácticas y alteraciones naturales que afectan a los ríos y al medio por el que discurren.
En resumen, que una vigilancia atenta y una información sistemática de las observaciones ociosas y los análisis curriculares pueden —y deberían— constituir un marco regido por la colaboración de todos los que manifiestan un interés basado en la bondad de su práctica y, naturalmente, de sus fines. Administración, Federaciones de Pesca, Sociedades de pescadores y la población ribereña han de contribuir no sólo al mantenimiento, sino a la mejora también de un medio que es de todos y que debe terminar de una vez con la retórica y la vacuidad de las buenas intenciones, incluso con la retórica que pueda desprenderse de estas mismas palabras que ahora escribo.
Se trata (no es ocioso reiterarlo) de una labor de todos. Esto es verdad, pero no será una certeza tangible hasta que no comprobemos los primeros resultados.

domingo 9 de mayo de 2010

Buena noticia remitida por Pedro Brufau

Gracias a nuestras denuncias a la Fiscalía, el Supremo acaba de revocar la sentencia absolutoria contra un consejero de la empresa SNIACE, cuyos vertidos al río Besaya carecían de toda autorización y equivalían al de toda la población de Cantabria.

El Tribunal Supremo ha condenado a Miguel Gómez de Liaño y Botella, secretario y consejero de Sniace, a un año de prisión, igual periodo de inhabilitación especial para el ejercicio de su actividad profesional cuando ésta precise de autorización ambiental, y accesorias legales. Igualmente deberá pagar una cuota diaria de 20 euros (7.200 euros) al haber sido encontrado responsable, en concepto de autor, «y sin circunstancias modificativas de la responsabilidad», de un delito contra los recursos naturales y el medio ambiente. Contra esta sentencia sólo cabe el Recurso de Amparo ante el Tribunal Constitucional y la petición de indulto al Consejo de Ministros. Como primera medida, Gómez de Liaño deberá abandonar el Consejo de Administración de la empresa Sniace.
Noticias en:


Hay que hacer notar la defensa de este señor practicada por el comité de empresa, el Gobierno de Cantabria y la prensa local.

Nuestra denuncia: (sección NUESTRO TRABAJO SIRVE): http://www.riosconvida.es/newsletter/voz_del_agua_n3/newsletter_marzo_09.html

Reiteramos nuestro agradecimiento al Ministerio Fiscal por este excelente trabajo. Su petición inicial superaba los seis años de prisión.

miércoles 17 de febrero de 2010

Más acciones por unos ríos limpios

Desde el grupo de investigación Aphanius de la Universidad de Córdoba hemos puesto en marcha una campaña de recogida de firmas para solicitar la permeabilización de las presas de Alcalá del Río y Cantillana. Toda la información y el acceso al documento científico lo tienen en la siguiente dirección http://www.firmemos.es/permeabilizacion o en nuestra página web http://www.uco.es/aphanius/proyectodetalle.php?id_proyectos=8

Le invitamos a leer el documento e informarse sobre este tema y, si está de acuerdo, a que preste su firma para la causa.
Puede dar a este correo la difusión que considere necesaria.

Muchas gracias.